Tú,
la Palabra…
El frío
de la cúspide
Gélido
me tenía el corazón.
Abismo
insalvable, ante mi pánico al vértigo.
Observaba
los círculos concéntricos
Perfectamente
delineados por la honda en su mano.
Sobre
piedra esculpido tu nombre
Habrías
deseado, en otrora circunstancia, lapidaria.
Tras el
satén manchado, tras el encaje denudado
Un
desgarro en mis entrañas, un mordisco mortal.
Tú, que
fuiste la Palabra
Artífice
de mis delirios, efigie de alabastro transparente.
Hoy
desde la prominencia
Divisas
las grietas del suelo a su paso
Traidor
de terciopelo horadado en el sudor de los hombres
Te
callas, para no poner en peligro tu hacienda
Aún
sabiéndolo arrimarse hacia el tajo.
Sin
percatarte de que su dolor es tu muerte
Pues él
es la respuesta a tu Palabra.
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